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Blog Gastón | Mayo

 

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BBVA Continental El Blog de Gastón

Un día a la vez

Cuando era un cocinero que recién empezaba a sacar adelante su restaurante, me embargaba tanto la obsesión por hacer las cosas bien, como el miedo a que si éstas no resultaban como yo quería, perderíamos la clientela. La angustia de no saber qué sería de mi familia si fracasáramos, hacía que a veces perdiéramos los papeles ante un simple error.

Un pescado pasado de cocción, un plato devuelto a la cocina sin siquiera probar, una salsa más salada de lo habitual, un cliente con cara de molesto, cualquier incidente era motivo para perder el equilibrio y la serenidad que uno debe de mantener para liderar un equipo.

Un día, cometimos un error durante el almuerzo y de pronto sucedió lo inevitable. La cabeza se me nubló, un mareo me hizo perder el equilibrio, me comenzó a faltar el aire, esa sensación de que algo malo me sucedería, algo muy malo. Me llevaron a la clínica, me internaron, y finalmente la conclusión de los médicos: “Señor, Ud. tiene un cuadro muy severo de estrés. Tómese las cosas con más calma que si no, no durará mucho.”

Ese día comprendí todo. Que la vida es una sola y que cada día es una oportunidad para mejorar. Que si sucede algo malo, lo que tenemos que hacer es aprender de ello con tranquilidad. Que mañana será un nuevo día. Que se vive un día a la vez. Que en la medida que así sea, cuando pasen muchos días y miremos atrás, podremos darnos cuenta que al final lo que hicimos no fue un destino, sino un camino.  Un día a la vez. 

BBVA Continental un día a la vez

¡Que viva la crítica!

Hay crítica constructiva y crítica destructiva. ¿Ambas nos sirven? Pues la verdad, como todo en la vida, ¡sí y no!

La crítica constructiva es la que analiza realmente nuestro trabajo, la que sabe encontrar tanto aciertos, como errores. Es clave porque nos permite mejorar y, si la usamos correctamente, puede hacer que nuestro trabajo sea cada día mejor. Esa es la crítica que tenemos que agradecer, porque gracias a ella nos haremos más fuertes.

BBVA Continental que viva la crítica

Luego, tenemos la crítica mal intencionada o destructiva, la que surge desde el anonimato y/o carece de fundamentos. Y también es buena, principalmente por tres motivos: primero, porque nos entrena a la tolerancia y paciencia; segundo, porque nos permite conocer mejor a las personas y tercero, porque nos permite aprender a manejar comentarios negativos sin que nos afecten. Por eso no podemos tomarnos las críticas a nivel personal, sino estrictamente laboral y analizar su procedencia y razón.

Lo que tengo muy claro es que lo que menos sirve es el elogio. Las frases de felicitación, los comentarios que aplauden nuestro trabajo, y cualquier “premio”, solo sirve para alimentar nuestro ego e indicarnos que vamos por buen camino. Y solo para eso, porque si le damos mucha importancia, puede hacernos creer que ya no tenemos nada que mejorar y que los clientes no tienen derecho a dar su opinión por lo que hacemos. Por ello, a los elogios hay que mantenerlos a raya.

En resumen, ¡que viva la crítica, la buena, la mala, la justa, la malvada!

Sé un capo en lo tuyo

Cuando era niño, recuerdo que las cartas tenían mil platos. Entradas frías, calientes, cebiches, comida criolla, internacional, pastas, carnes, aves, pescados, mariscos, arroces, parrilla, comida española, francesa, y así sucesivamente.

Se definían como “Cocina Internacional” y el cliente tardaba horas en decidir. Eran otros tiempos.

Ya de adolescente las cosas empiezan a cambiar y aparecen las especialidades: las cebicherías, las anticucherías, etc. Y aún así, la idea de un concepto definido no estaba claro. Tan poco claro que era frecuente ver en los periódicos avisos de restaurantes que ofrecían parrilladas. Si no les iba bien, ofrecían parrilladas y chifa. Luego, si la cosa no funcionaba, ofrecían parrilladas, chifa, show criollo y, como era de esperar, terminaban cerrando el local por falta de público.

Hoy las cosas están mucho más claras. La gente quiere vivir la experiencia especializada, hecha por gente que es una capa en aquello que ofrece. El mejor anticucho donde Grimanesa, la mejor cremolada donde Angélica, el mejor cebiche al paso donde Ronald, la mejor carne en Charrúa, la mejor pizza en Il Piccolo Pommodoro, y otros.

Todos estos ejemplos son fruto de conceptos gastronómicos más o menos populares, pero la oportunidad hoy abre paso a propuestas especializadas infinitas. Wingman: el rey de las alitas, Veggie Pizza: el capo de la pizza vegetariana, Señor Saltado: el campeón de los chaufas al paso, etc.

Imagínese ahora los siguientes lugares: “El Incendio”, donde solo hacen un plato: el mejor lomo saltado del Perú. “La Gallina Viuda”, donde solo hacen platos derivados de gallina, cuyos platos estrellas son el Ají de Gallina y el Caldo de Gallina. “El Taxista”, donde se sirve “el plato de los taxistas las 24 horas del día”, la Chanfainita. “El Anconero”, donde solo sirven el mejor sánguche de pejerrey de Lima acompañado de un pequeño vasito de leche de tigre con dos enrrolladitos de pejerrey sumergidos. Pues una buena noticia, todos estos ejemplos tendrían una cola interminable si cumplen lo que prometen. Y así, podríamos pasarnos horas encontrando ejemplos de oportunidades muy especializadas para un mundo en donde ser especial se vuelve imprescindible, pero no suficiente. Hoy más que nunca hace falta, ser especial y ser el mejor. Ser un capo en lo tuyo.

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Sé único

El otro día un amigo me llevó a conocer un nuevo restaurante esmerado en los detalles. El escenario, la decoración, el equipamiento, el marketing, el diseño gráfico, todo estaba hecho con mucha, pero mucha dedicación y buen gusto.

Entonces empezaron a llegar los platos. El primero era exactamente igual a uno que se había hecho tan popular que estaba en las cartas de varios restaurantes. El segundo era el plato estrella de un conocido chef nacional. El tercero, lo mismo, pero de un chef internacional. Y así, cada plato era en verdad, una copia exacta de platos de cocineros y restaurantes famosos.

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Esto hace unos años quizás no habría tenido nada de malo, es más, probablemente ni nos hubiéramos dado cuenta de este plagio. Sin embargo hoy, que tenemos la información al alcance de todos y en donde un aficionado a la cocina puede saber incluso más que el mismo cocinero, la necesidad de ser original es vital para lograr el éxito de un negocio. Claramente copiar o imitar a otro ya no es más un atributo o garantía para ser relevantes en el mercado, lo es tener un estilo propio, un trazo propio, sabores propios y combinaciones propias, entre otras.

Se vuelve urgente que busquemos ser únicos. No estoy diciendo que seamos inventores, me refiero a que, por ejemplo, si hacemos un cebiche, intentemos que éste tenga nuestro sello personal. Que no se parezca a esa foto que todo el mundo ya vio, que no sepa a ese otro cebiche que todo el mundo ya probó, porque si la gente descubre que tu plato es una copia de otro, pues entonces comparará y se dará cuenta. Siempre las imitaciones son eso, imitaciones y las comparaciones siempre suelen ser odiosas.

Sé único, sé diferente y no tengas miedo. Sobre todo eso, no tengas miedo.